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El antes... | ...y el después

Enhorabuena, has sido seleccionada.

Uffff... ya ni me acuerdo de la última vez que me puse a escribir y no publiqué. Es todo cuestión de perrería, tanto el no querer recordarlo como el hecho de no hacerlo, así que me ahorraré excusas varias que es donde siempre acabo dejándolo. Porque sí, los que hayan leído alguno de mis blogs se darán cuenta de que me voy por las ramas, y por las ramas de las ramas, hasta que o surge algo que me hace dejar de escribir o directamente no me acuerdo de por qué empecé.

Diré, pues, como principio de post, que mi vida ha dado un giro de casi 180º. Quizá para el común de los mortales el cambio no haya supuesto tanto, pero para mí, en este  caso, sí. En poco menos de tres meses he hecho bastantes cosas que han dado a mi vidilla de estudiante parada otro aire: visité Cuba en Navidades, en un viaje de lo más placentero por la compañía (familia y eternidad) y la buena sensación que da el sentir que el otro se integra en tu grupo, los que son más tuyos que nadie y que, por esta misma razón, no necesariamente deben serlo para el otro. Fue genial el sentirme en un pack, como siempre me he sentido con mi familia, sumándole una persona más que hizo de mis vacaciones algo digno de recordar por los siglos de los siglos.
Al volver, me encontré de lleno con mi sensación agridulce en referencia al trabajo, porque me sentía muy poco útil y bastante poco valorada profesionalmente. Tuve una etapa de esas en las que la autoestima desciende conforme lo hacen las llamadas para entrevistas de trabajo. Y como soy como soy, me rallé mucho más de la cuenta hasta el punto de preocupar al segundo gran héroe de mi vida, mi padre. Por suerte, sólo duró mes y medio porque tuve una oferta de prácticas, no remuneradas, como creativa y diseñadora. Y lo cierto es que fue genial el sentirme más ocupada, más útil y más integrada en la profesión a la vez que iba terminando mi especialización. Horario bueno, pocas limitaciones y mucha tranquilidad por la escasa responsabilidad de mi puesto al no estar remunerado (es lo que tiene, la parte buena de trabajar sin cobrar). Son cosas como estas, el cambio de situación de la noche a la mañana, las que hacen que la vida tenga un colorcillo más agradable que el gris habitual.

Gris que, por otra parte, ha mejorado notablemente en las últimas tres semanas. De un día para otro (y mira que a mí la improvisación y la prisa me bloquean), me llamaron para hacer unas entrevistas en un sitio "guay". Y digo guay porque es el sitio en el que generalmente a uno le gustaría trabajar, un sitio chulo, bonito y con posibilidades de que amplíes tu estancia en la oficina de forma absolutamente voluntaria.Un sitio algo lejos pero en un paisaje envidiable, frente al mar con toda la tranquilidad que eso conlleva. Tan guay tan guay que piensas "Sí, claro, seguro que me cogen (sarcasmo)" Desconfiada y algo hartita como iba a las entrevistas, porque bajo el callo está la parte blandita, fui sin ánimo de emocionarme mucho para contrarrestar el conocido dicho de "cuanto más alto subes, mayor es la h**tia". A mis días se fue uniendo algo de esperanza al ver que iba pasando ese eterno pero comprimido proceso de selección: es lo que tiene, el ser humano es tan estúpido a veces que empieza a valorarse única y exclusivamente cuando ve que los demás lo hacen. Una versión antropológica del "culo veo, culo quiero".

A día de hoy, llevo diez días trabajando en aquel lugar cuyo proceso de selección hizo cambiar mi autoestima. He terminado por fin mi curso y mi portafolio es mejor de lo que yo pensaba (volvamos a la estupidez humana), así que tengo otra perspectiva de aquí a la presentación del mismo. Mi trabajo está bien, suena a tremenda cosa complicada como todos, pero por fin me pagan. Sé de sobra que algo me explotan, por el tipo de contrato y por la cantidad de horas no reflejadas en el contrato que tendré que hacer. Pero qué queréis que os diga: Ya me han explotado más en otros sitios. De momento, tengo un contrato de seis meses prorrogable y una compañera que está bien, es maja y tiene pinta de ser trabajadora. Y sí, como en todas partes, ya tengo alguna que otra queja, porque yo no me canso de analizar y conspirar...pero la respuesta a todas mis dudas, quejas y piques internos por funcionamiento de la empresa se resuelven siempre con el mismo pensamiento: vale, eso está mal peeeero...me pagan.

Así que aquí estoy, reventada tras mi maratoniana jornada de hoy y con los nervios como escarpias porque el Lunes ya volaré más o menos sola y a mí eso me da miedito porque temo cagarla. Pero también estoy contenta por sentirme útil, por tener qué hacer y con quién compartirlo. Y más que estaré...en quince días que cobro la nómina. :) 

Nómina que, por otra parte, me hace pensar en términos y asuntos totalmente desconocidos hasta la fecha por la ausencia de contrato. Que dónde vas a meter la nómina, que tendrás que hacerte presupuestos mensuales, no semanales, que dónde te dan más rentabilidad... Aspectos que mi padre parecía estar deseando debatir y que finalmente debatió en un viaje en coche, como siempre hacemos cuando hay temas serios que tratar. Tema serio también, y que reconozco que es lo que más me fastidia y duele de trabajar, el hecho de que dejaremos de tomar nuestro mítico café de los jueves por la mañana, que era el aliciente de toda una semana y del que hablaré más profundamente en otro post.

Tal y como están las cosas, me digo "Enhorabuena", me digo, "has sido seleccionada para empezar una etapa nueva de tu vida".

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canelilla
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